ALIMENTOS QUE CURAN
Cuando queremos
curarnos de una enfermedad, esa simple elección, nos cambia
la vida. Encontraremos muchas herramientas a nuestro
alcance pero debemos saber cómo usarlas
y por qué.
La medicina
sintomática
se refiere a la forma de curarse que es la de tratar
y solucionar solamente los síntomas sin
averiguar las causas que han producido la enfermedad
esta suprime los procesos por los cuales trata
de manifestarse un desequilibrio orgánico,
que por lo general vuelve a aparecer a lo largo
de la vida como otra serie de síntomas que
aparentemente no guardan relación con las
primeras manifestaciones de enfermedad o desequilibrio.
Otra
forma de curarse:
A través de la búsqueda
de las causas de dicha enfermedad y su tratamiento.
Esto significa un compromiso activo y profundo,
principalmente con uno mismo y con la vida que
nos fue dada. A esta medicina se la llama «medicina
no supresora» (porque no suprime los síntomas).
La alimentación es una
de las medicinas que, basada en el buen diagnóstico
de las causas, nos sirve para equilibrarlas.
Los
alimentos curan o enferman.
Es un hecho,
y las investigaciones lo confirman cada vez con
mayor ahínco.
El regreso a la comida natural, el auge de los
productos orgánicos, las dietas sin excesos
(ni por mucho ni por poco), la parquedad en el
consumo de grasas y azúcares así como
el equilibrio son todos consejos que se insertan
en lo que podría denominarse como una alimentación
para la longevidad con bienestar y fortaleza.
De todos
los temas tratados, y son muchos, se presenta
hoy uno de ellos: el síndrome
del colon irritable (SCI). Se le destaca porque
este es uno de los grandes problemas que sufren
el hombre, y sobre todo la mujer moderna. Un trastorno
que, si bien no reviste la gravedad que otras enfermedades
del sistema digestivo sí encierran, es culpable
de malestares severos, ausencias laborales y dificultades
para el desempeño social.
Ahora
veamos cómo conseguimos equilibrarnos
a través de la alimentación:
Todos sabemos
que los alimentos son transformados por el cuerpo
en energía
nutricia y que estos nutrientes son desdoblados
en la boca y asimilados por el intestino que los
envía directamente a la sangre.
Nuestra sangre
tiene un PH (equilibrio) Sodio - Potasio 1-7.
Este equilibrio es el que nos permite estar sanos
y vivos. Los alimentos también tienen un equilibrio Sodio-Potasio.
Cuando nuestra ingesta diaria sobrepasa en demasía
esta relación Sodio-Potasio, el organismo
se ve obligado a equilibrarse "robando" minerales
de los huesos y dientes. Es así como actúa,
en este caso, el proceso de Homeostasis o Homeodinamia.
Para evitar que este mecanismo equilibrante sea
tan extremo y que a la larga termine desgastando
a las células y órganos demasiado
pronto y que también comprometa nuestra
emocionalidad y nuestra vida de relación
con negatividad y sufrimiento, existen toda una
gama de herramientas curativas como la Homeopatía,
la Osteopatía, las Flores de Bach, la Gestalt,
la Psicología Transpersonal, el Masaje,
la Medicina China, el Trabajo Corporal Armónico
y muchas otras.
En el caso
de la alimentación,
recurrimos a diario a ella para nutrirnos y también
nos sirve para curarnos. Sólo debemos entender
que hay alimentos que nos curan y otros que nos
enferman. Un ejemplo de esto es el azúcar,
que guarda una relación Sodio – Potasio
1-800 y que es un gran ladrón de calcio.
Otros alimentos peligrosos son el tomate o la berenjena,
que tienen 1-700.
También, la miel (que tiene
1-900) y otros alimentos industrializados que caen
dentro de esta categoría.
Con una alimentación sana
y equilibrada, en la cual los alimentos ingeridos
a diario guarden una relación Sodio-Potasio
más aproximada al PH sanguíneo, no
solo conseguimos recuperar las funciones orgánicas
alteradas, sino que también evitaremos el
envejecimiento prematuro y también recuperaremos
la armonía de los pensamientos y las emociones.
En
nuestro cuerpo:
Llevamos los códigos que
nos dicen de qué manera alimentarnos, pero
a medida que nos fuimos alejando del entorno natural
y nuestra vida fue derivando en ésta que
conocemos actualmente, altamente tecnificada y
artificial, nuestros alimentos se han transformado
de igual modo. Como consecuencia de esto, tenemos
muchas enfermedades derivadas de esta forma de
vida y por ende de esta forma de alimentarnos.
En
la boca encontramos algunos de esos códigos:
Los dientes.
El 50% de nuestros dientes son molares y premolares,
o sea que están
diseñados para "moler"; el 30% de los dientes
anteriores están destinados a morder verduras,
bulbos, raíces y frutas, y un 15% son caninos
(o lo que vendría a ser un esbozo de caninos,
ya que los verdaderos son más "puntudos",
afilados y sin puntos de contacto). ¿Cómo
se traducen estos códigos a la hora de sentarnos
a comer todos los días? Con un 50% de cereales
integrales, un 30 o 35 % de verduras y frutas (raíces
redondas y hojas), las que varían su proporción
según la época del año. Entre
las frutas debemos elegir las de estación,
pequeñas y maduras. Finalmente, un 15% corresponde
a las proteínas de origen animal o vegetal.
Entre las de origen animal las de mejor calidad
son las carnes blancas y magras de animales alimentados
en forma natural o las de pescado de mar que habita
en aguas frías y profundas. Entre las de
origen vegetal encontramos las legumbres (porotos
y chauchas).
En la fase curativa se tratan de evitar las proteínas de origen animal
ya que impiden la eliminación de toxinas acumuladas en el cuerpo. Las
hierbas medicinales, tomadas en forma de infusión o tinturas madres,
vendrían a completar nuestra dieta diaria.
El artículo comienza describiendo
lo que es el trastorno, también conocido
como colitis mucosa o colon espástico, y
sus síntomas. Entre éstos, incluyen:
-Dolores abdominales, flatulencia,
hinchazón
o distensión
-Evacuaciones irregulares que incluyen episodios
de diarrea seguidos
por estreñimiento
-Náuseas y pérdida de peso
-Dolores de cabeza, dificultades para concentrarse, fatiga
-Ansiedad o depresión.
Las
causas del SCI son diversas.
Sin embargo,
algunos alimentos o bebidas, hábitos de vida pueden disparar
los episodios. Entre ellos, se incluyen el estrés,
el abuso de laxantes, los trastornos del sueño,
el tabaquismo, las bebidas alcohólicas,
la cafeína (incluida también en el
té y el chocolate), y algunos alimentos.
De acuerdo
con las investigaciones citadas por las autoras,
y siendo la lista de alimentos que pueden desatar
episodios de SCI, se incluyeron como los más
frecuentes:
Verduras, entre las cuales
las manzanas, plátanos,
naranjas y frutas pasas
Verduras: cebollas, guisantes,
papas y aquellas de hojas verdes
Comidas ahumadas y fritas, algunos embutidos.
En cambio,
se habla del consumo de la fibra como posible
solución a muchos
de los casos de SCI. Entre otras razones, se le
presenta como factor que ayuda a regularizar el
funcionamiento del intestino. Se cita primordialmente
el salvado de trigo.
Observarse
Quizá uno de los grandes
aportes de éste y de otros capítulos
es la invitación a que cada persona se observe
a sí mismo. De esta manera, le es posible
detectar los alimentos, bebidas y/o situaciones
que le alteran el sistema digestivo para poder,
a su vez, eliminarlos, remplazarlos o corregirlos.
Y, de todos modos, la necesidad de solicitar la
ayuda de un especialista antes de que la situación
se vuelva inmanejable.
Un detalle
que llama la atención
es la diferenciación que se hace entre la
reacción alérgica a un alimento y
la intolerancia al mismo. Si bien en ambos casos
el consumo puede llevar a malestares con síntomas
similares, -ambos pueden interpretarse como colon
irritable- el hecho de diferenciarlos ayuda a establecer
una mayor claridad en el tratamiento.
Como es fácil concluir,
el síndrome del colon irritable suele no
tener su origen ni en las alergias ni en la intolerancia.
En consecuencia, si usted logra identificar y discernir
estas diferencias, le será más fácil
a su médico ayudarle a encontrar una solución.
Fuente: Alimentacion Sana