TENGO ANSIEDAD, ¿QUE HAGO?
La ansiedad es un mal que se genera por diversos factores que inciden a la hora de sentir en nuestro cuerpo los síntomas que nos indican aquel estado.
La ansiedad en términos simples está presente en nuestro cuerpo siempre. Sin embargo, hay momentos en que el vaso se rebasa y es ahí cuando nuestro cuerpo se descontrola y comienza a actuar por sí sólo.
Lo que se debe hacer en primer lugar es descartar la posibilidad de cualquier enfermedad de carácter orgánico, mediante los análisis oportunos. Una vez determinado que el origen es de tipo psicológico, conviene hacer una seria reflexión sobre el tipo de vida que se está llevando. En este sentido, es bueno evaluar si el descanso es adecuado o si el estilo de vida es excesivamente sedentario.
Otro punto importante es la forma en que se afrontan las situaciones problema. Hay que evitar todo tipo de anticipación o pensamiento sobre la ansiedad, siendo ésta la causa más importante del mantenimiento y crecimiento de dicha ansiedad, provocando aún mayor inseguridad. Convienen actuar con naturalidad; cuanto más se observen las posibles señales de ansiedad, más probable será que esto ocurra. En algunas ocasiones, los primeros indicios del comienzo de una crisis de ansiedad, suelen manifestarse mediante un ligero cosquilleo en las manos. Esto significa que hay un exceso de oxigenación provocado por hiperventilación. En este momento resulta ideal la respiración diafragmática, respiraciones lentas, reteniendo el aire con la inspiración y expulsándolo con la mayor lentitud posible. Lo ideal es inspirar llenando los pulmones al máximo a la vez que observamos cómo aumenta el volumen de nuestro abdomen, retener un poco el aire e inmediatamente expulsarlo lentamente, de tal forma que la espiración dure aproximadamente el doble que la inspiración. En ocasiones se utiliza una bolsa de plástico para respirar dentro de ella, de tal manera que después de unos minutos se consigue reducir el nivel de oxígeno en el organismo y desaparece la sensación de cosquilleo.
Otro síntoma anticipatorio suele ser una sensación repentina de pérdida de equilibrio, mareo o inestabilidad. En estas situaciones, es recomendable no fijar la atención en nuestro cuerpo y por el contrario, focalizarla hacia el exterior. Por ejemplo, dirigir la vista hacia algo lejano, intentando identificarlo, puede ayudar a recuperar o mantener el equilibrio. Se trata de dirigir la atención visual en una dirección distinta a nuestro cuerpo. Igualmente se puede hacer este mismo ejercicio con el resto de los sentidos, enfocándolos siempre hacia el exterior, nunca hacia nuestro cuerpo. Intentar identificar sonidos lejanos, autos, voces o cualquier otra cosa, puede ser un sistema válido para conseguir desenfocar nuestra atención del problema.
Es importante dedicar el tiempo que sea necesario para conseguir relajarse. Una vez se ha logrado evitar o aminorar la situación de crisis, no está de más siempre gratificarnos con alguna pequeña satisfacción. A fin de cuentas la correcta realización de estas instrucciones, requiere un cierto entrenamiento y conseguir el resultado adecuado, es un logro que nos aproxima hacia el control futuro de nuestro cuerpo y por tanto a la solución del problema.