¿MI HIJO TIENE DEPRESIÓN?
La depresión siempre se ha asociado a personas adultas. Es más. Hasta hace algunos años, estas sólo se diagnosticaban en este grupo de personas. Hoy sin embargo, este mal está cada día haciendo sufrir también a los niños. La depresión infantil, , puede surgir a causa de "cambios importantes y estrés", como resultado de la pérdida de los padres, un divorcio, o problemas familiares u otros factores externos que inciden de manera decidida en la vida de un menor.
Lo síntomas depresivos infantiles suelen estandarizarse, sin embargo hay que tener en cuenta que cada niño es un ser único con comportamientos particulares. Con todo, hay que estar atentos a síntomas que puedan resultar extraños y poco frecuentes en un niño. Algunos ejemplos son que el niño está continuamente triste, llorando con más facilidad, pierde el interés por los juegos preferidos y por la escuela, se aburre y se cansa con facilidad, se le nota extremamente sensible hacia el rechazo y el fracaso, duerme y come demasiado o muy poco.
Todo lo anterior puede eventualmente significar un estado depresivo de un niño. Ante esto los padres deben actuar otorgándoles más tiempo, mayor preocupación en sus cosas, compartir juegos o actividades que al niño le resulten atractivas, preguntándoles sobre sus sentimientos, miedos, objetivos, y lo más importante tranquilizarlos a través del cariño y la preocupación permanente.
En el caso que el niño comience a aislarse, comportarse mal y a hacer comentarios negativos sobre si mismo, será recomendable buscar ayuda profesional. Siempre el tratamiento temprano de la depresión ayudará a tener mejores resultados y en menor tiempo.