
ALIMENTOS
PARA LEVANTAR LAS DEFENSAS
Estrés prolongado, dietas inadecuadas, cambios bruscos
de temperatura o el descanso insuficiente provocan que nuestro
cuerpo se resienta y desciendan nuestras defensas. Hay signos,
como pupas en los labios, cansancio mayor del habitual, heridas
que tardan en cicatrizar, dolores musculares sin haber practicado
ejercicio o fragilidad del cabello, que delatan que las defensas
de nuestro organismo están bajas. Si bien lo ideal sería
evitar, en la medida de lo posible, hábitos y situaciones
que puedan debilitar nuestro organismo, una alimentación
adecuada también puede ayudarnos a superar épocas
duras, pues permite reforzar el sistema inmunológico,
que nos protege de bacterias, virus y otros organismos patógenos.
- Actúa contra resfríos comunes y constantes.
- Estimula sistema inmune (acción inmunoestimulante).
- Indicada para Infecciones en general, por ejemplo: oidos, úlceras de la boca, vaginitis, etc. (acción antiséptica y antiinflamatoria)
- Problemas de cicatrización (acción cicatrizante).
- Aparición de tumores (acción antitumoral).
-
Inmono estimulante, antibiótico natural, anticancerígeno, antiinflamatorio, antibacteriano, antimicótico, antioxidante, antihepatotóxico, cicatrizante, entre otras.
- Estimula y fortalece el sistema inmunológico.
- regula la función celular y la regeneración de células dañadas.
- Es un Potente antioxidante y antiinflamatorio,
UNA
DIETA EQUILIBRADA REFUERZA EL SISTEMA
INMUNOLÓGICO
Aparentemente la ingesta energética tiene una manifiesta influencia en
la actividad inmunológica, tanto por exceso como por defecto de calorías.
El aporte excesivo de energía puede afectar a la capacidad del sistema
inmunológico de combatir infecciones, por lo que la obesidad está ligada
a una mayor incidencia de enfermedades infecciosas. Además, las personas
obesas son más propensas a desarrollar enfermedades cardiovasculares que,
a su vez, están relacionadas con alteraciones de la función inmunológica.
Pero también las personas desnutridas presentan un mayor riesgo de contraer
infecciones, al igual que quienes siguen regímenes de adelgazamiento de
menos de 1.200 calorías al día u otros de mayor número de
calorías pero desequilibrados, ya que esas dietas pueden hacer disminuir
la función inmunológica.
La reducción de las grasas en la dieta no sólo deviene fundamental
para controlar el peso, sino también para el óptimo funcionamiento
del sistema inmunológico. Parece ser que las dietas ricas en grasa reducen
la respuesta inmunológica, aumentando así el riesgo de infecciones.
Por lo tanto, si se reduce el contenido de grasa en la dieta, la actividad inmunológica
aumenta. No obstante, no es sólo una cuestión de cantidad, la procedencia
o calidad de las grasas que introducimos en nuestra alimentación cotidiana
también es importante. Conviene incluir en nuestra dieta pescado azul,
frutos secos, aceite de oliva y girasol o soja o aceite de linaza para asegurar
un aporte equilibrado de diferentes grasas esenciales para la salud.
Consumir regularmente productos lácteos fermentados -como yogur o kefir-
contribuye, asimismo, a aumentar las defensas inmunológicas. De hecho,
hay estudios que demuestran que quienes toman regularmente leches fermentadas
presentan, además de una mayor resistencia a los microorganismos que provocan
las intoxicaciones alimentarias, un mejor estado del sistema inmunológico.
Finalmente, el mantenimiento en condiciones del sistema inmunológico
requiere un consumo constante de todas las vitaminas y minerales
necesarios. Para ello, hay que asegurarse de seguir una dieta
equilibrada que incluya variedad de alimentos en las cantidades
adecuadas.
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